Por Si Estaban Con El Pendiente Quetzalli Carolina Vázquez
Lo que está ocurriendo en México con la libertad de expresión es alarmante. Se ha inaugurado una nueva forma de censura, más sofisticada y peligrosa: la que se justifica con el discurso de los derechos humanos. Ya no hace falta presionar a los periodistas con amenazas veladas o desaparecer periódicos incómodos. Hoy basta con una denuncia por “violencia política de género” para borrar investigaciones, amedrentar reporteros y periodistas y convertir a los medios en agresores oficiales.
El caso del columnista Héctor de Mauleón y el diario El Universal lo confirma con brutal claridad. La columna publicada el 1 de mayo, titulada “Huachicol y poder judicial en Tamaulipas”, expone un hecho de interés público: una relación familiar entre una magistrada y un presunto líder huachicolero. El texto no contiene expresiones discriminatorias ni ataques personales. Es una denuncia periodística respaldada por información verificable.
Sin embargo, Tania Contreras, la funcionaria señalada y quién fuese candidata en la elección judicial, presentó una denuncia por violencia política de género. En su escrito no desmintió el vínculo con el delincuente que, resulta ser su cuñado, pero sí se dio tiempo para llamar “pseudoperiodista” a De Mauleón y exigir su sanción.
El Instituto Electoral de Tamaulipas castigó al periodista y al medio exigiendo bajar de su plataforma la columna y amenaza con iniciar nuevos procedimientos si no se acata la resolución.
Hoy, De Mauleón y El Universal están inscritos y lo estarán durante cuatro años en el Registro Nacional de Personas Sancionadas por Violencia Política de Género. Están obligados a ofrecer disculpas públicas, tomar cursos y no volver a mencionar a la denunciante. Una medida digna de regímenes autoritarios, pero dictada por instituciones democráticas.
La respuesta del medio ha sido firme y valiente: “Que nos metan a la cárcel si quieren, pero no vamos a retirar la columna”, sentenció El Universal, señalando que las instituciones están moralmente derrotadas pues el periodista y el medio de comunicación cuentan con el respaldo de los comunicadores del país.
El caso de De Mauleón y El Universal, pone en evidencia un patrón creciente que ya se repite en estados como Veracruz, donde 11 periodistas han sido sancionados bajo el mismo argumento, pero a diferencia de De Mauleón, no han contado con el respaldo de sus medios y han enfrentando solos las consecuencias de ejercer el periodismo.
En el estado de Veracruz, la mordaza institucional avanza sin resistencia, mientras los comunicadores y periodistas son etiquetados como agresores por el simple hecho de investigar, evidenciar y cuestionar.
Estamos ante un punto de quiebre: la defensa legítima de los derechos de las mujeres no puede ni debe ser usada como escudo para ocultar corrupción, nepotismo o vínculos con el crimen.
Cuando eso sucede, el mensaje es claro: no critiques, no denuncies, no publiques… o enfrentarás consecuencias legales, aunque tengas la verdad de tu lado.
No se trata de desacreditar la lucha feminista, sino de protegerla del abuso. Porque si la violencia de género se convierte en la nueva herramienta del poder para callar periodistas, perderemos todos: las mujeres, la democracia y la verdad.
Hoy más que nunca, el periodismo necesita un frente común. Un bloque sólido entre reporteros, periodistas, medios y comunicadores independientes que diga con firmeza: la censura no va a pasar, ni disfrazada de legalidad ni de perspectiva de género.
El respaldo de los periodistas y comunicadores hacia los compañeros sancionados debe demostrarse para que el gremio se visualice fuerte y se continúe haciendo periodismo de investigación, para que las publicaciones sirvan para evidenciar hechos y personajes sin importar si se trata de hombres o mujeres.
Las instituciones deben entender que la labor de un periodista y comunicador es precisamente mostrar lo que la audiencia desconoce. Los medios de comunicación deben respaldar a sus trabajadores y el gremio al propio gremio porque si no se alzan voces ahora, pronto no quedará alguien que pueda hablar, porque lo que le pasa a otros, mañana nos puede pasar a nosotros.
¡No a la sensura!
