Por Si Estaban Con El Pendiente Quetzalli Carolina Vázquez

El diputado local Esteban Bautista Hernández, actual presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) del Congreso de Veracruz, compartió en sus redes sociales fotografías en las que se le observa conduciendo un tractor, rodeado de verdes paisajes en lo que identificó como su lugar de origen: Tatahuicapan, la población le respondió criticando la forma en que obtuvo lo que en las imágenes se observa y señalando sus privilegios y las necesidades de los campesinos.

“Siempre es bueno tomarse un tiempo de paz, para descansar la mente y estar en familia, en casa, en nuestro pueblo, lejos de las grandes ciudades. Trabajar y disfrutar del campo, de sus paisajes y de la buena compañía de nuestra gente, nos recarga de energía y nos recuerda lo valioso que es nuestro origen y nuestras raíces”, escribió.

La publicación no tardó en generar reacciones encontradas. En los comentarios, varios usuarios señalaron que no todos los campesinos tienen la dicha de poseer un tractor de ese nivel, ni propiedades de la magnitud que se aprecian en las imágenes. “Eso no lo tiene cualquiera, eso lo consiguió cerrando las llaves del Yuribia”, se leía en uno de los mensajes más compartidos.

Y es que detrás de la bucólica imagen del “Profe” Bautista, hay una historia que para muchos en el sur de Veracruz aún no ha sido contada por completo y que tiene que ver con la desaparición de José Manuel Flores Ríos, alias “El Oaxaco”, ocurrida en la ciudad de Xalapa.

Aquel día Flores Ríos fue “levantado” frente a testigos mientras se encontraba acompañado por Esteban Bautista, entonces alcalde de Tatahuicapan. Lo extraño: sólo se llevaron a “El Oaxaco”. A Esteban Bautista no lo tocaron.

Ambos habían salido de una reunión en Palacio de Gobierno, donde presuntamente negociaban la asignación de obras para empresas vinculadas a “El Oaxaco”, parte de una red que operaba al margen de la legalidad mediante protestas, bloqueos y el cierre de válvulas en la Presa Yuribia para obtener recursos del Estado.

Quienes conocen el caso recuerdan al ahora diputado formando parte del “Consejo de Gobierno Indígena y Popular del Sur de Veracruz”, una organización que, bajo el pretexto de la lucha social, negoció beneficios en efectivo y en especie con los gobiernos estatales en turno.

En contraste con su discurso de humildad y arraigo al campo, las imágenes de sus propiedades evidencian una realidad distinta a la que viven la mayoría de los campesinos veracruzanos.

“Acá en la sierra de Tatahuicapan nos faltan tractores para la agricultura” le escribió un poblador de la zona.

El caso de Esteban Bautista Hernández representa para muchos la transformación de un agitador social en político institucional.

Para sus críticos, su nueva imagen de “hombre de campo” es solo una fachada. La realidad —dicen— es que detrás del tractor y la sonrisa hay décadas de manipulación política, desvío de recursos y una historia de complicidades aún no aclaradas.